Tan pronto como levanté el pie y vi mi huella en la suave arena plasmada, una ola traicionera me despojó de mi propio recuerdo tan rápido como se acaba una canción que se baila disfrutando.
Y como si hubiera un imán en el fondo del mar, me fui caminando inevitablemente hacia el horizonte azul, sintiendo en mi cuerpo todas y cada una de las punzadas que el frío océano me regalaba.
Yo sabía que en algún punto había una escalera que me sacaría de allí. O que tú me ofrecerías tu mano para llevarme de vuelta a un recuerdo eterno.
Pero no estaba segura ni de que yo pudiera alcanzar la escalera, ni de que tú pudieras alcanzar mi mano. Y sólo era capaz de preguntarme que pasaría con mi recuerdo, si el mar tendría la suficiente piedad como para dejar mi huella intacta, hasta que tú ya no estés.








