




A medias verdades no hubo manera de encontrar nada que pareciera mínimamente sincero, ninguna verdad incómoda, ninguna verdad que mereciera la pena ni cuestionar.
Tampoco ninguna mentira reconfortante. No descubrió ninguna mentira piadosa en sus palabras. Estaban huecas.
Al poco se le fue difuminando la silueta, la cara, la intención. Las palabras le salían a medias. Siguieron así mucho tiempo, hablándose sin decirse nada, caminando por la ciudad sin llegar a descubrirse. Sin una mentira que recompusiera los pedazos. Sin una mala verdad que llevarse al alma.
